A  C I E G A S

Un nuevo proyecto de SPOKENWORD sensiblemente electrónico

 autor: Horacio Ladrón de Guevara

La casa de los vecinos – cuando fui niño – tenía tres hermanos mayores, ciegos. Los hermanos Torres.  Sus nietos los acompañaban hasta el centro de la ciudad para recibir las monedas que la gente les daba. Uno de ellos, recuerdo que se llamaba Juan; por la tardes cantaba canciones bellísimas, que sus hermanos invidentes aplaudían al final. Otras veces, los otros dos, se sumaban en coro, y desde mi casa, yo alcanzaba a oirlos. Y pegaban unas carcajadas al final de las canciones. La música era su barcaza hacia la alegría.

Otras tardes se enredaban en tertulias que acababan a bastonazos y había que separarlos, pues se hacían daño de verdad. Tenían diferencias políticas y
religiosas. Recuerdo un día haber escuchado al tal Juan, gritar una sentencia que parecía haberle salido del alma.

Si Dios hubiera sido ciego no habría podido inventar al hombre ni al mundo!

–  Te equivocas – respondió un hermano – los ciegos podemos construir también, pero lo hacemos CON TODOS LOS SENTIDOS.

¿qué és exactamente lo que quería decir el anciano ciego? CON TODOS LOS SENTIDOS. Aún hoy sigo sin respuesta.

Un invierno muy duro se murió un nietito de los ciegos, de méses, llamado Estéban; a quien  mi hermana Elvira amadrinó, a sabiendas de que ya estaba
moribundo. La madre de Estéban, Mirta, se lo había pedido. Y allí, en el salón de la casita humilde velamos en un cajoncito pequeño a Estéban. En un momento, uno de los hermanos ciegos se puso a cantar, y rápidamente se sumaron los otros dos. La música de los abuelos fue la forma de despedir a esa criatura inocente, a quien llevamos en coche particular hasta el cementerio. Una vez cerrado el cajón, los tres tocaron la tapa.

–  Adios Estéban. Dios te va recibir, hijito querido. Y allí quedaron los hermanos Torres, en la penunbra de la tarde invernal.

Los griegos tenían a Tiresias, el oráculo ciego de Tebas. Tiresias era consultado sobre todos los temas, y sus profecías aparecen en algunas de las tragedias de Sófocles y Eurípides. La ceguera unida a la sabiduría.

Según las últimas investigaciones científicas, la mirada absorbe un 70% de nuestros sentidos. Podríamos decir que existe una “tiranía de la visión” que nubla la percepción de los otros sentidos. No es casual que el ser humano cierre los ojos al besar. También es muy habitual que muchos cantantes populares cierren los ojos para cantar. Y muchos de nosotros cerramos los ojos para recordar algo bello del pasado. Y en muchas escuelas de catadores de vino, se recomienda cerrar los ojos, para potenciar el olfato y el paladar. Está demostrado que “la mirada” está cargada de expectativas, de curiosidad y también de una alta tasa de prejuicios. Cuando miramos una flor, la mayoría de las veces sólo vemos la flor, y rara vez contemplamos todo lo que significa esa flor: es decir, como resultado de un proceso que dio a luz a esa flor. Antes hubo una semilla, una tierra donde ha crecido, el árbol que le dio soporte, y hasta quién o quienes la han regado para poderla tener frente a nuestros ojos. Al verla, la mirada queda atrapada en su forma y color. Su perfume queda en un segundo lugar. Si cerramos los ojos, y sólo olemos la flor, se abre un nuevo concepto que obliga a nuestros sentidos a profundizar en su misterio. De la misma manera que si sólo la tocamos, sin verla, ese tacto nos lleva a otro universo sensorial de formas y texturas, que antes no percibíamos. Con los ojos cerrados, los otros sentidos se amplían, dando lugar a nuevo concepto de FLOR.

Con las palabras pasa algo similar; cuando tenemos un interlocutor enfrente, la mirada vuelve a capitalizar lo que oímos, interpretando primero los signos faciales o corporales, antes de oír realmente lo que el otro está diciendo. Por no hablar de los juicios mentales que hacemos sobre ese discurso, que interfieren constantemente en el proceso de escucha. Eso desemboca con frecuencia en interrupciones constantes, convirtiendo lo que
podría ser una escucha respetuosa y enriquecedora en una pelea de gallos por el turno de palabra. Podríamos decir que, a menudo, demasiado a menudo, “oímos pero no escuchamos”.

A CIEGAS es un proyecto de spokenword, realizado por TARKAMPA. Un viaje sensorial, donde dejamos que los “sentidos” fluyan libremente, sin el juicio de la mirada. La voz cantada y la voz hablada tienen la misma jerarquía, porque el tratamiento sonoro que las sostiene destaca a ambas. La música electrónica es el “andamiaje” sobre el cual, ambos estilos de voz encuentran soporte para la expresión. Alegría, Tristeza, Sensualidad, Miedo, Fragilidad, Coraje, Furia, Erotismo, Curiosidad, Sátira, Humor negro, Desamparo…son algunas emociones que fueron apareciendo en mi escritura, y luego en manos de TARKAMPA  los sonidos, en agradecida armonía. Después de 40 años me sigo preguntando ¿qué sentían esos tres hermanos ciegos cuando cantaban? ¿la música como bálsamo reparador?. ¿la música como catársis? ¿la música como pan para el Alma? ¿la música como única patria real del ciego? Son las preguntas sin respuesta que caben dentro de este proyecto que hemos creado junto a TARKAMPA. Cincuenta minutos, casi un a hora de viaje a los sentidos. Creemos con convicción de que este puñado de relatos cortos y músicas electroacústicas hará viajar al oyente, en Bibliotecas, Teatros, Centro
Cívicos, Casales de Gente Grande y Auditorios. A CIEGAS es una propuesta tan antigua e innovadora de oir con el ALMA.